El robo del siglo -primera parte-

Publicado: 24 marzo, 2011 en Librería LGC

Llegué como cualquier dia, 8.50. Una compañera había faltado los dos días
anteriores y, cuando ella no viene, se supone que viene otro.
Llegué y empece a tocar el portero como loco;
no contestaba nadie, así que comencé a golpear la puerta.Como no
respondía nadie, saqué el celular para llamar. Escuché que alguien
bajaba y
entonces me expliqué que mi compañero ya estaba dentro, tal vez en la
planta alta, y que demoraba. La puerta se abrió y una
voz masculina dijo “pasá” (mis compañeros tienen sentido del humor
raro) y mientras pasaba pensé, “como hizo
para caber escondido tras la puerta; debe ser fulanito”. De
repente tenia un caño -verde para mi, por mis anteojos negros- de
veinte centímetros apuntandome entre los ojos. Me invadió la gracia y
cuando el flaco con el pañuelo en la cara no se reía en lo mas mínimo
me empezó a ganar la perplejidad. “No me mires” me gritó; no es que yo
quisiera mirarlo, es que no podía creer lo que estaba sucediendo. Me
hizo apoyar el celular y el bolso y la tarjeta en el mostrador, no
habia nadie a la vista, y luego me empezó a patotear para
que subiera por la escalera, el iba detras mío. “¿a
donde vas?” me grita; te imaginas que yo no iba a ningun lado, iba
donde el me dijera, pero si no me decia nada…. vi a dos compañeros
en el suelo. No se si me dijo que me
tirara, me cai de rodillas y me tire al lado de una compañera, apoyé la
cara contra el piso -aún con los anteojos de sol-, el caco me dijo que me
pusiera las manos tras la cabeza con los dedos entrelazados y comencé
a temblar como una hoja, primero de miedo y luego de calambre por la
posición, pensando “que manera estúpida de morirme”. Mi compañera le dice al
tipo “Él sufre de presion”. El fulano, que nos trataba a todos de usted y
nos pedía permiso para palparnos, me dice “Rojo -tenia puesto un polar
rojo furioso-, tranquilo”. Ella repite “Héctor sufre de presion
alta”. Y el tipo agrega “HECTOR, NO VUELES”. Da vuelta mi bolso -el
único que va a robar- y todas las moneditas (pago 3.30 en monedas en
el 88 por autopista) quedan esparcidas. Me pregunta: “Héctor, tenes
documentos dentro del bolso? (un morral re-moderno con 45.000
bolsillitos con cierre, lugar para celular y un pin de star trek
comprado en estudios universal de miami en la luna de miel en 1993
-irremplazable-). Yo estaba por hacer el trámite pasaporte-cedula.
Tenía la vida en un bolsillito interno; libreta de casamiento, acta de
casamiento, pasaporte anterior, dni duplicado, cédula de identidad
vieja. Pensé, “me voy a pasar la vida haciendo tramites en
reparticiones estatales.” El tipo me dice “Rojo, te dejo los
documentos en este escritorio, incluyendo la libreta roja
-casamiento-“. Y se va. Empiezan a escucharse llamadas telefónicas,
celulares sonando diferentes y con mensajes de texto y llamadas,
golpes en la puerta, timbre. Y nosotros tres ahi tirados, casi sin hablar.– 
(c)Héctor Horacio Otero(R)

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