La Biblioteca de Babel

Publicado: 24 marzo, 2011 en Escritura
A Borges, según confesó oportunamente, se le figuraba el paraíso en
forma de biblioteca; a decir verdad, no sólo el paraíso, sino el
universo todo. La pregunta que se formula en esta narración acerca de
las características de la Biblioteca de Babel (la Biblioteca Total),
es en realidad una reflexión acerca de la constitución del universo,
su composición y límites.
La Torre de Babel pretendía llegar al cielo y Dios habría castigado la
soberbia de los hombres diversificando un idioma inicial en múltiples
lenguajes, incompresibles entre sí. En la Biblioteca de Babel, en
consonancia, se agrupan obras de todas las lenguas: muertas, vivas,
futuras, e inclusive de las que jamás existirán. En una parte del
cuento existe otra relación con este pasaje bíblico original: se busca
al bibliotecario que, poseyendo el libro que reúne a todos los demás,
ha devenido Dios. Nuevamente, el hombre fracasará en alcanzar lo
divino.
Esta exquisita alegoría del universo en forma de biblioteca plantea lo
siguiente: si existen sólo 22 letras (las consonantes del alfabeto
hebreo) más espacio, punto y coma, el número total de símbolos
ortográficos es de 25. Estos veinticinco caracteres pueden
interrelacionarse en una cantidad inmensa de combinaciones posibles;
una cifra gigantesca pero, sin embargo, no infinita. Lo mismo podría
decirse del universo; si hay una cantidad limitada de materia, ésta
puede dar lugar a todas las realidades posibles, pero las mismas
también tendrán eventualmente un límite. Borges intenta responder
entonces a un interrogante primordial de la física (y la metafísica):
¿Es el cosmos finito o infinito? Borges espera que sea infinito,
aunque este deseo se contrapone a su análisis lógico acerca del límite
a las combinaciones matemáticas posibles. Esta tensión recorre todo el
texto hasta llegar a una solución de compromiso, una propuesta que el
autor plantea en el desenlace.
Pero “El universo (que otros llaman la Biblioteca)” tiene otra
característica, en tanto no existe sólo el Espacio, sino también el
Tiempo. Y entonces Borges sostiene que la biblioteca/universo es
eterna, que siempre existió y que siempre existirá, mientras los
bibliotecarios/humanos no, en una mirada lateral a otro tema que lo
desvelaba y frecuenta su obra: imposibilidad (o la inutilidad o la
monstruosidad) de la inmortalidad.
Mucho se ha hablado (y escrito) acerca de que Borges prefiguró la
World Wide Web. En esta Biblioteca de Babel (con reminiscencias de
aquella otra mítica, la de Alejandría, por su pretensión de abarcar el
universo textual) la mayor parte de los libros son, en la práctica,
absurdos e ilegibles. Paradójicamente, a pesar -y debido a- la
abundancia de material, la mayoría de los bibliotecarios/humanos jamás
encontrará espontáneamente un ejemplar de El Quijote o de Hamlet,
aunque recorrieran todos los anaqueles a su alcance en el término de
una vida. Es por esto que la búsqueda más preciada en esta historia
no es la imposible de libros específicos sino la de una bibliografía
de bibliografías, más precisamente un catálogo de catálogos que nos
dirija topográficamente a la ubicación en un estante, un índice a la
vez general y particular a la totalidad y variedad de lo existente, un
canon divino que enfocándonos en lo esencial alivie la angustia de
toda aquella obra sublime que no alcanzaremos a leer jamás. Tal vez
Borges no adelantó Internet, pero sin dudas sí sus motores de
búsqueda, sus índices virtuales, sin los cuales estaríamos perdidos en
una red informática inabarcable a escala humana.
Desde lo material, la biblioteca total de Borges es un laberinto
formado por una sucesión de hexágonos, galerías, pozos de ventilación.
El espacio está aprovechado al máximo por las estanterías, en un
remedo libresco de horror vacui. Los libros son el todo: el vacío (la
nada) sólo existe más allá de las barandillas y se identifica
inevitablemente con la muerte; el protagonista desea caer en él hasta
su completa desintegración.
Borges nos recuerda que el límite está necesariamente fijado por la
matemática para el número posible de libros, no así para la extensión
de la biblioteca. La repetición, como la provocada por esos espejos
que refiere en el cuento y que siempre lo atormentaron –al igual que
la paternidad- por “multiplicar el número de hombres”, habilita una
respuesta al interrogante fundamental: la biblioteca/universo sería
ilimitada y periódica. Y esa certeza de repetición implica además, que
el universo posee un orden y que en consecuencia es un cosmos y no un
caos, aunque a veces nos parezca lo contrario.

— 
(c)Héctor Horacio Otero(R)

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comentarios
  1. Valentina dice:

    Muy buen análisis del cuento de Borges, material así es ampliamente necesitado y valorado, puesto que con Borges es necesario que el lector ponga de su parte para entender lo que plantea, muchas gracias por compartir tu interpretación. 🙂

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