Puer Aeternus

Publicado: 24 marzo, 2011 en Ciencia Ficción

“[…] aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo,

 y las cataratas de los cielos fueron abiertas y hubo lluvia

sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.

En medio de la jornada de nuestra vida, Iachtus se encontró dentro de un bosque oscuro. Lo más triste es que sabía que su travesía estaba por terminar, que el tiempo se le acababa.

Fue hace un par de años, al salir de la llamada Junta Terapéutica, donde le insertaron el implante coclear que como una letanía, varias veces al día, le enviaba mensajes a su cerebro con la pretendida intención de prepararlo para el final y aliviar así su angustia. Se sentía como un cordero dirigiéndose hacia el matadero. Súbitamente hizo que el monorriel que ocupaba se detuviera.

Se trasladó al mercado negro de los mutantes, con la firme decisión de comprar andrógenos. Era primera vez en su vida que transgredía las leyes. Excitado y algo paranoico, volvió a subir al transporte de alta velocidad. Ya en su casa, presionó un botón en su cinturón y el traje descartable se desmaterializó. Se introdujo en la ducha desnudo y con el pequeño envase de testosterona sintética fuertemente sostenido dentro de un puño.

No sabía porqué pero mientras se lavaba recordó algo que había leído en los escritos de uno de sus tatarabuelos. La filosofía del jasidismo, utilizando la tradición mística judía, sostiene que la realidad está formada por cuatro mundos (emanación-creación-formación-acción) arraigados en las letras de Y-H-V-H. Existen cuatro categorías de estar en el mundo natural (inanimado, vegetativo, animal, hablante), cuatro estaciones del año, cuatro direcciones en la brújula, cuatro elementos constitutivos del planeta (fuego, aire, agua, tierra). Los elementos químicos básicos, los del fenómeno subatómico, las fuerzas de la física moderna, son cuatro también.  Cada uno de los cuatro mundos espirituales posee el espectro de las diez Sefirot, atributos creativos de Y-H-V-H. Algo completo tiene entonces cuarenta aspectos.

En forma simultánea a haber alcanzado este último pensamiento, la higiene de Iachtus finalizó automáticamente. Entonces reemplazó con el andrógeno el envase de cafeína que utilizaba habitualmente para estimularse en forma legal y ajustó el mecanismo de la ducha para que su penetración en el organismo se efectuara a nivel celular. Con un chasquido de los dedos se inició su renacimiento.

Esta fue su rutina diaria durante meses y volviendo infinidad de veces a ese mercado en busca de la dosis cotidiana de virilidad, cada vez de manera más solapada. El día anterior a su cuadragésimo cumpleaños temió que tal vez fuera la última vez que escucharía el mensaje tranquilizador bombardeando su mente.

Entonces Iachtus se introdujo en el flotario y el andrógeno en sus células. El tanque mejoraba notablemente la penetración y el efecto de la hormona, aunque con un costo prohibitivo por la cantidad de agua pura utilizada.. Al finalizar se irguió y miró a su alrededor, una forma de despedirse antes de escapar. Vió la armadura utilizada para ir al mercado negro, dañada por la lluvia ácida. Recordó con rabia la duplicación del precio de la hormona por parte de los mutantes.

Aunque aún no era su tiempo, alguien había adivinado lo que se proponía. Manos fuertes lo tomaron del cuello por detrás y lo sumergieron hasta darle muerte. Fue entonces cuando el semblante de su hijo reflejó el alivio del deber cumplido.

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