Re: Continuacion del relato del robo

Publicado: 24 marzo, 2011 en Librería LGC

Al rato de estar tirado temblando, me empezó a agarrar desesperación.
¿Se habría ido el ladrón o no? ¿Si se había ido, cuanto tiempo más
ibamos a estar tirados? Podían pasar horas hasta que llegara alguien y
tirara la puerta abajo…
Cuando no me aguanté más la incertidumbre, me comencé a incorporar,
muy lentamente.
Salimos los tres de la habitación como pisando brevas, agitando los
brazos y diciendo en voz alta “hola, estamos saliendo, hola”. Era un
poco esquizofrénico, por un lado no queriamos provocar al ladrón pero
tampoco hacerle creer que nos estabamos escapando. Nos estabamos
yendo, pero sí él todavía estaba y lo quería, nos volviamos a tirar,
no problem. No queríamos malentendidos.
Nos acercamos a un conducto y mi compañera preguntó: ¿hay alguien? Y
una voz masculina inidentificable respondió “Sí”. Cuando casi nos
estabamos tirando de trampolín de vuelta al suelo, aclaró que era un
compañero, apresado a continuación mía. Como también creyó que era una
broma y se resistió a las instrucciones, le propinaron una soberana
patada de puntín, con todas las ganas.
Bajé por la escalera siguiendo la coreografía de las manos y los
saludos en voz alta, confiado que mis compañeros me seguían los pasos.
En realidad, estaba sólo, estaban buscando a la primera compañera que
había entrado, en otro lado. O sea que yo tomaba valor porque me creía
que era la locomotora de un carnaval carioca y en realidad estaba más
sólo que robinson crusoe.
Al llegar a la planta baja, mis compañeros rehenes se me unieron y mi
otro compañero pateado se incorporo.
Pudimos rescatar a la que lo pasó peor, que por suerte le hizo un
puchero al ladrón y logró que no la atara y sólo la hiciera quedarse
sentada en el inodoro. Hubiera sido un buen lugar para el resto de
nosotros, por más de una razón.
Cuando abrimos la puerta, algunos de mis compañeros estaban en la
puerta, otros habían ido a tomar un café.
En un ratito llegaron 3 patrulleros, faltaba Crónica nomás.
El primero que entró fue Gorgory y se hizo cargo de la situación. “No
toquen nada, van a venir de TRAZOS”. En cuanto se dio vuelta guarde
todas mis cosas esparcidas en un bolso. CSI Boedo llego día y medio
despues, a tomar fotos para la revista “La justa”, porque para otra
cosa no creo que sirvieran. Del ADN ni hablemos… Bajé y cuando me
dijeron que tenía que ir a la comisaría, volví a subir para buscar mi
paupérrimo celular y mp3. El principal me vio bajar y me sostuvo la
mirada socarronamente. Lamentablemente, no le pude aclarar que la
última vez que quisieron entrar ladrones a mi casa, los que me robaron
los celulares no fueron los ladrones. Adivinen.
Fuimos a la seccional a radicar la denuncia. El agente tomó la primera
declaración e hizo las siguientes sobre ella en la computadora. Cuando
llegó a mí, me preguntó si me habían robado algo (a nadie le habían
robado personalmente nada). Le dije “La verdad, no lo puedo
certificar, porque como me hicieron venir enseguida no se si mi bolso
está tirado en algún lado”. El agente se puso algo crispado.
“Escucheme, si quiere viene mañana y amplía la declaración… ponga
que yo le preguntó en este momento ¿LE ROBARON ALGO O NO?”. Y yo
respondí: “No”. Si quiere que no me hayan robado nada y no quieren
cambiar el formulario, no le voy a llevar la contra.
Una aclaración: que te roben en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es
un lujo. El ladrón, en lo que a mí respecta, un caballero. Por mucho
menos en Villa Luzuriaga me cagaron a patadas.

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