La múltiple memoria de una fiesta

Publicado: 25 marzo, 2011 en Escritura, Sin categoría

El sabado pasado leia en la version semanal argentina de The New York Times un articulo en el cual el autor sostenia que en algun momento las nuevas tecnologias iban a permitir llevar un registro audiovisual de toda nuestra vida, posibilitandonos recuperar momentos especiales cuando lo desearamos.
La noche anterior habia asistido a un cumpleanos de quince y me sorprendio sobremanera lo que vi. Si uno recuerda las grandes fiestas familiares de hace algunos años, no se contaba con filmacion y las fotografias eran tomadas solamente por una persona contratada ad hoc. Los protagonistas de la fiesta regulaban la oportuna exhibicion de estas y se usaba elegir una foto y repartir copias. Ese seria el unico recuerdo tangible del evento; el resto quedaba librado a la buena o mala memoria de los asistentes.
Esto no es mas asi; inclusive, las fiestas se han convertido en una experiencia interactiva abierta a gente que no esta presente en forma fisica.
Una gran cantidad de asistentes portaba en mano celulares con los que fotografiaba y filmaba y compartia imagenes telefonicamente al momento, con gente externa a la fiesta. Bailaban con las pantallas encendidas en sus manos, agitandolas en el aire, enviando mensajes de texto continuamente. Hasta llamaban a alguien a las 2 de la madrugada para hacerles escuchar la musica y el ruido general de la fiesta. Esto me asombro poco, en tanto el celular se ha convertido en parte de mucha gente gente, asi que teniendolo consigo, si por alguna razon vieron la oportunidad de hacerlo, podia ser una ocurrencia graciosa y espontanea animada por el alcohol.
Lo que si me llamo poderosamente la atencion fue que muchos asistieron con camaras digitales, en forma deliberada. En camino al registro total de nuestras vidas del que hablaba en un principio, estos ultimos trataban sin duda de tener su propio registro del encuentro, con el objeto de disponer de el a su gusto sin depender de la anuencia de terceros.
La fiesta se fragmentaba por sectores, por mesas, por niveles de edad, configurando pequeños submundos. Algunos adolescentes rompieron dos sillas, siete copas, intentaron provocar un incendio, se emborracharon casi hasta el desmayo, los tuvieron que advertir sobre su posible expulsion en varias oportunidades. El registro que se haya hecho de todo esto constituye un memoria de la fiesta unica y completamente diferente a la que tuvimos el resto de los invitados.
Antes de que terminara la fiesta ya habia copias de las fotos de la mesa en cada una de estas, para que los asistentes se las llevaran de recuerdo. Me fui temprano, pero se de fiestas en las que se proyecta un adelanto de las filmaciones de las mismas antes que estas terminen.
La multiplicidad de registros de memoria de esta fiesta no se detuvo aqui, sino que se siguio multiplicando exponencialmente (sin duda) en las horas posteriores a que finalizara, con el intercambio de e-mails, subida de fotos a montones de fotologs, visita a estos para dejar comentarios, carga de videos en YouTube, etc. (fui testigo directo de algunas de estas derivaciones).
Tal vez por esto, cuando lei la nota de TNYT a la mañana siguiente no me parecio tan delirante. Y sin embargo, senti un sabor amargo en la boca, un añorar a esas fotos “retocadas” (pintadas, nada de photoshop) que cristalizaban en una sola imagen un recuerdo.

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