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La calidad se impone

Publicado: 24 marzo, 2011 en Librería LGC
Gané el torne de futbol virtual de Ole, Sueños de Campeón, con el
equipo que hizo Adriana.

Luzuriaga for ever Hectitor 101.0
Primero lejos MarcosBoca 100.0
Los Pasteros Empaque 82.0
INSIDER ELPOLLO 82.0
Los Leones Pokemon 74.0
Libertadores Sebastian 40.0

Javier,
¿La gente que propone y apoya esto, ha leído algo de Borges? La Buenos Aires donde Borges debería ser enterrado es una Buenos Aires mítica, la de la luna de enfrente. A Borges habría encontrar el modo de hacerle una repatriación y homenaje literario de ensueño. Y tener el pudor y el respeto de dejar sus restos junto al árbol “If”.
 
         Héctor Horacio Otero
 “Sicut nubes, quasi naves, velut umbra…”
 
Hector, 
La verdad que si la Buenos Aires que quería Borges es la de Luna de enfrente, esa de casitas bajas que se pierden en el horizonte y más alla la tardecita, el patio, etc ( algo de lo peor que borges escribió; su intento de  poeta arrabalero seguirá  ubicandose como algo menor dentro de su obra) bien podrían dejarlo en Ginebra, o llevarlo a inglaterra, o a cualquier lugar menos acá, pues después de todo siempre el que recorría las calles de buenos aires no dejaba de ser un fläneur europeo que observa la ciudad; pero esa es otra historia.
Además, podrìamos pensar que Borges haya planeado finalmente el lugar donde quería que descansen sus restos; No sería nada extraño;  es decir: me voy a morir a Ginebra, sabrán que quise morir en algun otro lugar que no sea mi patria, bajo un arbol que haría del símbolo algo acorde con mi escritura, siendo yo latinoamericano,  mis compatriotas acordes con su ser, previo debate sin importancia, no dejarán que escape a nuestro destino, con lo cual, final del asunto: llevarán mi restos devuelta al país de origen. conclusión: Me entierran en Argentina.
 
Mas como afirman doctores graves, 
que tú, maestro, citas y nombras, 
que el hombre pasa como las naves, 
como las nubes, como las sombras…
huyo de todo terreno lazo, 
ningún cariño mi mente alegra, 
y con tu libro bajo del brazo 
voy recorriendo la noche negra…

Javier José Zoppi y Medina

El robo del siglo -primera parte-

Publicado: 24 marzo, 2011 en Librería LGC

Llegué como cualquier dia, 8.50. Una compañera había faltado los dos días
anteriores y, cuando ella no viene, se supone que viene otro.
Llegué y empece a tocar el portero como loco;
no contestaba nadie, así que comencé a golpear la puerta.Como no
respondía nadie, saqué el celular para llamar. Escuché que alguien
bajaba y
entonces me expliqué que mi compañero ya estaba dentro, tal vez en la
planta alta, y que demoraba. La puerta se abrió y una
voz masculina dijo “pasá” (mis compañeros tienen sentido del humor
raro) y mientras pasaba pensé, “como hizo
para caber escondido tras la puerta; debe ser fulanito”. De
repente tenia un caño -verde para mi, por mis anteojos negros- de
veinte centímetros apuntandome entre los ojos. Me invadió la gracia y
cuando el flaco con el pañuelo en la cara no se reía en lo mas mínimo
me empezó a ganar la perplejidad. “No me mires” me gritó; no es que yo
quisiera mirarlo, es que no podía creer lo que estaba sucediendo. Me
hizo apoyar el celular y el bolso y la tarjeta en el mostrador, no
habia nadie a la vista, y luego me empezó a patotear para
que subiera por la escalera, el iba detras mío. “¿a
donde vas?” me grita; te imaginas que yo no iba a ningun lado, iba
donde el me dijera, pero si no me decia nada…. vi a dos compañeros
en el suelo. No se si me dijo que me
tirara, me cai de rodillas y me tire al lado de una compañera, apoyé la
cara contra el piso -aún con los anteojos de sol-, el caco me dijo que me
pusiera las manos tras la cabeza con los dedos entrelazados y comencé
a temblar como una hoja, primero de miedo y luego de calambre por la
posición, pensando “que manera estúpida de morirme”. Mi compañera le dice al
tipo “Él sufre de presion”. El fulano, que nos trataba a todos de usted y
nos pedía permiso para palparnos, me dice “Rojo -tenia puesto un polar
rojo furioso-, tranquilo”. Ella repite “Héctor sufre de presion
alta”. Y el tipo agrega “HECTOR, NO VUELES”. Da vuelta mi bolso -el
único que va a robar- y todas las moneditas (pago 3.30 en monedas en
el 88 por autopista) quedan esparcidas. Me pregunta: “Héctor, tenes
documentos dentro del bolso? (un morral re-moderno con 45.000
bolsillitos con cierre, lugar para celular y un pin de star trek
comprado en estudios universal de miami en la luna de miel en 1993
-irremplazable-). Yo estaba por hacer el trámite pasaporte-cedula.
Tenía la vida en un bolsillito interno; libreta de casamiento, acta de
casamiento, pasaporte anterior, dni duplicado, cédula de identidad
vieja. Pensé, “me voy a pasar la vida haciendo tramites en
reparticiones estatales.” El tipo me dice “Rojo, te dejo los
documentos en este escritorio, incluyendo la libreta roja
-casamiento-“. Y se va. Empiezan a escucharse llamadas telefónicas,
celulares sonando diferentes y con mensajes de texto y llamadas,
golpes en la puerta, timbre. Y nosotros tres ahi tirados, casi sin hablar.– 
(c)Héctor Horacio Otero(R)

Al rato de estar tirado temblando, me empezó a agarrar desesperación.
¿Se habría ido el ladrón o no? ¿Si se había ido, cuanto tiempo más
ibamos a estar tirados? Podían pasar horas hasta que llegara alguien y
tirara la puerta abajo…
Cuando no me aguanté más la incertidumbre, me comencé a incorporar,
muy lentamente.
Salimos los tres de la habitación como pisando brevas, agitando los
brazos y diciendo en voz alta “hola, estamos saliendo, hola”. Era un
poco esquizofrénico, por un lado no queriamos provocar al ladrón pero
tampoco hacerle creer que nos estabamos escapando. Nos estabamos
yendo, pero sí él todavía estaba y lo quería, nos volviamos a tirar,
no problem. No queríamos malentendidos.
Nos acercamos a un conducto y mi compañera preguntó: ¿hay alguien? Y
una voz masculina inidentificable respondió “Sí”. Cuando casi nos
estabamos tirando de trampolín de vuelta al suelo, aclaró que era un
compañero, apresado a continuación mía. Como también creyó que era una
broma y se resistió a las instrucciones, le propinaron una soberana
patada de puntín, con todas las ganas.
Bajé por la escalera siguiendo la coreografía de las manos y los
saludos en voz alta, confiado que mis compañeros me seguían los pasos.
En realidad, estaba sólo, estaban buscando a la primera compañera que
había entrado, en otro lado. O sea que yo tomaba valor porque me creía
que era la locomotora de un carnaval carioca y en realidad estaba más
sólo que robinson crusoe.
Al llegar a la planta baja, mis compañeros rehenes se me unieron y mi
otro compañero pateado se incorporo.
Pudimos rescatar a la que lo pasó peor, que por suerte le hizo un
puchero al ladrón y logró que no la atara y sólo la hiciera quedarse
sentada en el inodoro. Hubiera sido un buen lugar para el resto de
nosotros, por más de una razón.
Cuando abrimos la puerta, algunos de mis compañeros estaban en la
puerta, otros habían ido a tomar un café.
En un ratito llegaron 3 patrulleros, faltaba Crónica nomás.
El primero que entró fue Gorgory y se hizo cargo de la situación. “No
toquen nada, van a venir de TRAZOS”. En cuanto se dio vuelta guarde
todas mis cosas esparcidas en un bolso. CSI Boedo llego día y medio
despues, a tomar fotos para la revista “La justa”, porque para otra
cosa no creo que sirvieran. Del ADN ni hablemos… Bajé y cuando me
dijeron que tenía que ir a la comisaría, volví a subir para buscar mi
paupérrimo celular y mp3. El principal me vio bajar y me sostuvo la
mirada socarronamente. Lamentablemente, no le pude aclarar que la
última vez que quisieron entrar ladrones a mi casa, los que me robaron
los celulares no fueron los ladrones. Adivinen.
Fuimos a la seccional a radicar la denuncia. El agente tomó la primera
declaración e hizo las siguientes sobre ella en la computadora. Cuando
llegó a mí, me preguntó si me habían robado algo (a nadie le habían
robado personalmente nada). Le dije “La verdad, no lo puedo
certificar, porque como me hicieron venir enseguida no se si mi bolso
está tirado en algún lado”. El agente se puso algo crispado.
“Escucheme, si quiere viene mañana y amplía la declaración… ponga
que yo le preguntó en este momento ¿LE ROBARON ALGO O NO?”. Y yo
respondí: “No”. Si quiere que no me hayan robado nada y no quieren
cambiar el formulario, no le voy a llevar la contra.
Una aclaración: que te roben en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es
un lujo. El ladrón, en lo que a mí respecta, un caballero. Por mucho
menos en Villa Luzuriaga me cagaron a patadas.