King Kong Spoiler

Publicado: 25 marzo, 2011 en Cine

 

Adrian Brody hace lo que puede, que no es mucho. Me gusta Jack Black, pero el papel es antipatico, no genera empatia. La chica, ni mas ni menos que las dos rubias anteriores. El chico de Billy Elliot, una curiosidad. Mejor el golum que hace de marinero. el papel del negro poeta no se lo cree nadie.
Lo mejor son los canibales. Lo mas logrado, lo mas original, lo mas artistico.
La hora sobre la gran depresion es desechable, hay muchos mejores films sobre eso. Igual esta bien que la ambienten en esa epoca, suma.
Tendria que empezar la pelicula con cuando encallan e ir explicando despues lo que estaban filmando, el romance, que estan escapados de la ley, etc.
Los efectos especiales no tendrian que haberse hecho en nueva zelanda, en general no son buenos.
A la chica la sacude demasiado al principio, se moriria en la realidad. Lo mejor son las escenas cuando la lleva en camara lenta y ella esta desvaneciendose
La escena Jurassic Park 4, hay que sacarla toda, dejando solo la lucha con el tiranosaurio.
En el teatro, cuando se escapa, kong tendria que aplastar a la cucaracha del productor y la gente aplaudiria. 
La escena del empire state hay que editarla de nuevo, acortada.
Esta pelicula tendria que haber sido el corte del director para la edicion extendida en DVD. En los cines tendria que haber durado una hora y media, y quedaria una peli barbara para sabados de super accion, junto a la momia y spiderman.
hec 

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La frontera

Publicado: 25 marzo, 2011 en Sin categoría
Esta manana iba a tomar el 88 ramal Alberdi que aunque tarda quince minutos mas que el de autopista, me da alguna posibilidad de sentarme al promediar el viaje y me permite viajar “apretado” pero razonalmente normal, para que incluso con cierta dificultad pueda llevar un bolsito. Para algo me levanto tan temprano, para asegurarme eso al menos. No es que haya digerido el tema este de viajar mal -no lo voy a hacer nunca-, pero cuanto menos ya me hice una rutina que me permite no sentirme angustiado cada manana y recordar el tema como si estuviera haciendome un harakiri cotidiano. Resignacion si preferis llamarlo asi.
 
Cuando a las diez cuadras, enfrente del Macro, el colectivo se quedo parado, fue inconcebible. No se puede quedar uno de estos colectivos, no se puede quedar, aunque sean micros jubilados de larga distancia re-baqueteados. Es que ya entramos con calzador dentro y la parada es una manifestacion de gente esperando, donde reubicar esa cantidad de gente! Mis “companeros” de viaje, por llamarlos de alguna manera, comenzaron a colgarse por la puerta trasera de cualquier micro de la misma compania o de la que fuera; el chofer ni dijo una palabra ni se hizo cargo de nada.
 
Si quiero llegar al trabajo a tiempo, yo ficho, son esos momentos en los que tenes que tomar una decision rapida, porque el tiempo vuela. Que me iba a quedar haciendo alli? El de autopista no pasa, ni siquiera estoy seguro de que pase el que dice “Rivadavia” que me deja a quince cuadras del laburo y el siguiente Alberdi podia tardar 20 minutos o media hora y ni parar (alli no hay inspector) porque sin duda viene repletisimo. Asi que me puse a caminar de vuelta a la parada original, para tratar de hacer valer el boleto de 1.50 tambien.
 
Me puse los anteojos negros, te imaginas el “elemento” que habia por alli, daba miedo. Hice un descubrimiento historico que tuvo su precio; me demore un minuto y perdi el siguiente Alberdi, espero que valga para la anecdota al menos. Yo siempre digo que Camino de cintura, a ocho cuadras de casa, es la frontera entre la civilizacion y la barbarie. Y que la rotonda de san justo da inicio a la pampa. Paso por alli y hay una palmera grandota, debajo una placa, que decia que el arbol este senalaba el lugar donde habia estado emplazada la “Posada de Montero” (no confundir con Otero). Que era la ultima posta donde paraban las diligencias antes de entrar al interior. Alli empieza el Interior!!!!! Yo ya lo sabia, los malones estan mas alla.
 
Llegue a la parada, realmente era una multitud como nunca vi. El inspector me pregunto que habia pasado, le conte y medio se apiado de mi, soy de los pocos que se banan, me debe tener en consideracion. Yo siempre digo que para tomar este colectivo hay que tener “garra” y que hay dias que no la tengo. Hoy ya la habia perdido. Llego el primer colectivo de autopista y trate de subir por la puerta trasera y me resigne que no podia. Vino el tipo y me dijo “No, vos tenes que tomar este, encima que perdiste el otro, no lo podes dejar pasar”. Y lo detuvo hasta que quede no se como ahi colgado. Y cuando cerro la puerta fue terrible, porque me empujo para dentro mal, de terror.
 
Bueno, me quede en el ultimo escalon, apoyado sobre la puerta, casi con la cara contra el vidrio, un brazo me lo apretaba un tipo contra el marco, tenia una axila a la altura de la nariz, un culo contra otro cachete de la cara. Me daba el sol a todo lo que da. Obviamente, no estaba ni para los Mistral (casi me los rompen) ni para el bolso (tuve que hacer peripecias para bajarlo al piso). Fue media hora como de estar en el limbo. En cierto momento, cuando pasaba el segundo peaje, mire hacia la casilla de al lado que habia una traffic y le pedi a Dios que no fuera la que yo tomara habitualmente, que la gente con el aire acondicionado y leyendo el diario me viera asi, estrellado contra el vidrio, como un espalda mojada -asi la tenia- tratando de pasar la frontera con USA.
 
Mi mente discurria tratando de pasar el momento. Uno de los pensamientos favoritos era como demonios iba a bajar de alli y decidia no hacerme problema. De algun modo la puerta abrio, casi me cai a la vereda. Renguee seriamente unas dos o tres cuadras de la pierna derecha y ahora tengo todo el cuerpo entumecido y dolorido.

De escobas y aquelarres

Publicado: 25 marzo, 2011 en Historia

“Provoca un sueño aquel unto, que es un opio de beleño que el demonio les ofrece, de calidad que parece que es verdad lo que fue sueño: pues como el demonio espera solamente en engañar luego las hace soñar a todas de una manera: y así piensan que volando están cuando duermen más, y aunque no vuelan jamás, presumen en despertando que cada una en persona el becerro ha visitado y que todas han paseado los campos de Baraona; siendo así que vive Dios, que se ha visto por momentos durmiendo en sus aposentos untadas a más de dos”. Tomado de Francisco Rojas, “Lo que quería el Marqués de Villana”.

La brujería fue un fenómeno que se extendió por Europa Occidental hasta Polonia, Austria y Dalmacia, desde 1440 hasta el 1700. El número de personas acusadas de hechicería fue de unas 200.000, de las cuales 3/4 partes eran mujeres. En general, mujeres solas y viejas, abandonadas por sus hombres que migraban de las aldeas (o simplemente debido a la menor expectativa de vida que estos tenían). Estas mujeres eran una carga para su pueblo, no tenían trabajo, ni realizaban actividad sexual, ni procreaban. Esta de m s aclarar que era una época de una profunda misoginia, en la que las mujeres eran caracterizadas por muchos intelectuales como crédulas, curiosas, de personalidad impresionable, malignas, proclives a la venganza, charlatanas, etc.

En la sociedad clásica, las nociones de luna, noche y muerte están profundamente asociadas al principio femenino. En muchas lenguas est n relacionadas las palabras luna, mes, muerte, mujer, menstruación. Las divinidades que protegían la magia son femeninas: Diana, Artemisa, Selene, Hécate, Medea, Circe. Durante la mayor parte de la edad media, la existencia de la brujería fue firmemente negada por la Iglesia. Hasta que la Bula “Summis desiderantes affectibus” la reconoció expresamente en 1484; a partir de ese momento negar la existencia de hechiceras constituía herejía. En los procesos llevados a cabo, lo habitual era amenazar a los testigos con torturas, describir los instrumentos que se utilizarían y finalmente mostrarlos. Este sistema obtenía gran éxito entre los examinados, quienes se apresuraban a acusar a sus vecinos para librarse de tan funesto destino. Naturalmente, se confiscaban las propiedades de los condenados, hecho que conjuntamente con los honorarios percibidos por los gastos de tortura y ejecución, completaba el costado económico de la situación.

De qué se acusaba a las brujas ? De montar una escoba o macho cabrío, untarse con unguentos malolientes, volar, copular con el demonio, participar en orgías, blasfemar, negar el credo cristiano, matar infantes y comerlos, metamorfosis varias, incurrir en vampirismo y violación de tumbas, asustar gente, proferir maldiciones, etc. Cómo explicar estas conductas, reales o ficticias?

La antropología considera que la acusación de brujería se produce por la desesperanza, la frustración colectiva frente a hechos de la naturaleza que no se pueden explicar. Algunos autores dan relevancia al uso de estupefacientes, el unguento al que la mayor parte de las fuentes se refiere. Compuesto de plantas de la familia de las solanáceas (belladona, beleño, estramonio, scopelia y mandrágora) producía un estado de somnolencia en el que las brujas soñarían volar y copular con el demonio.

La psicología reconoce en la actualidad una patología determinada, denominada “neurosis demoniaca”, que afecta a mujeres solas que comienzan a sentirse perseguidas por una presencia extraña, lo que en muchos casos les produce una extraña excitación y hasta el hecho de sentirse sexualmente poseídas. Los testigos que acusaban a las hechiceras, (en gran parte niños) habrían sido mitómanos. Desde el psicoanálisis, puede afirmarse que existe una vinculación entre la histeria y la brujería, consistente en que ambos casos la mujer establece una relación especial con el deseo inconsciente de encontrar su identidad, en este caso a través de la excepcionalidad que otorga la condición de bruja.

En tiempos de crisis social, religiosa y económica, la búsqueda de chivos expiatorios de los males públicos se torna imperiosa, y que mejor lugar para encontrarlos que en sectores sin poder de la sociedad. A partir de la ignorancia popular, desde el Estado y la Iglesia se alentó esta locura de la brujería como un medio de suprimir la ola de mesianismo imperante y a la vez aumentar el control social.

Lic. Prof. Héctor Horacio Otero

*. Este artículo es una reformulación de una monografía presentada en 1990 en conjunto con una colega, María de las Nieves Azar, a la cátedra de Historia Moderna de la Carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Publicado: 25 marzo, 2011 en Fotos

De tiburones y caníbales

Publicado: 25 marzo, 2011 en Mi vida, Viajes

Pertenezco a la clase ¼. Esto quiere decir, entre otras cosas, que durante mi infancia el único turismo que disfruté esporádicamente fue el sindical, en la costa bonarerense para ser más preciso. Sin embargo, desde mi televisor blanco y negro que captaba sólo cuatro canales (cinco si hacía buen tiempo -en La Plata, imagino-) nada me impedía soñar. En particular, cuando una pareja con apariencia muy sofisticada filmaba propagandas por el todo el mundo promocionando unos conocidos cigarrillos. Eran paisajes de fantasía, de un exotismo inalcanzable desde mi cotidianeidad. Me maravillaban también los documentales de Jacques Cousteau, a tal grado que jamás me llamo la atención que el traductor tuvieran un acento francés completamente innecesario pero altamente pintoresco. Ya durante mi adolescencia, hubo un breve furor en relación a la película “La laguna azul”. El paraíso polinesio tomaba allí forma de romance y algo de aventura y uno, desde el cine del barrio, vivía por un par de horas otra realidad. Cuando luego de varios años de noviazgo Adriana y yo decidimos casarnos, se presentó una oportunidad única para nuestra luna de miel; como no hacíamos fiesta mi suegro nos regalaba el viaje, estabamos en los albores de la convertibilidad y mi futura mujer trabajaba en una agencia de turismo. Una tarde ella llegó con montones de folletos y una doble propuesta: Disneyworld y el Caribe. Lo primero era lo más sencillo de decidir, quién se puede resistir a Mickey Mouse. Lo segundo era más complejo; el desplegable del barco lo mostraba fastuoso y no pensamos que nos sentiríamos cómodos protagonizando un remedo del “Crucero del amor”. Aunque en realidad lo determinante al desechar la idea fue que la nave ofrecía el acceso libre a cinco restaurantes y luego del esfuerzo de una estricta dieta para estar en forma al momento de la boda, no queríamos echar todo a perder en un par de semanas y volver rodando, cosa que no teníamos la menor duda de que en ese contexto sucedería. Propuse entonces ir a una sola isla y mi mujer lo aceptó con entusiasmo; faltaba decidir a cuál. Había visto recientemente un reportaje a la modelo de las propagadas de cigarrillos de mi niñez, en la que ella contaba de su casa en Saint Thomas. No dudé un segundo y apoyé mi dedo índice sobre un punto del mapa, diciendo entre risas y fingida grandilocuencia: “Lo que es bueno para Claudia Sánchez, es bueno para nosotros. Una vez en Disney, en pleno Animal Kingdom escuchamos a nuestras espaldas una voz inconfundible, única en el mundo: la de Isabel Sarli. Nos dimos vuelta y vimos que “la Coca” se encontraba en el descanso de una entrevista que le hacía, si no me equivoco, Mateyko. Espléndida, con un trajecito blanco, recién repuesta de una operación, nos atrevimos a saludarla y fue amabilísima con nosotros, mostrándose como una persona cálida y de gran sencillez. Debo admitir que también tuvimos allí, en Epcot Center para ser más preciso, una señal de alarma que desestimamos. Durante la proyección de una película en pantalla de 360 grados en el stand de Mongolia, en la que unos caballos salvajes giraban sin cesar, mi flamante esposa se puso verde y no dejó de vomitar el resto del día. Fuimos a una tienda y explicamos lo que pasaba; le diagnosticaron “Motion sickness” (la enfermedad de movimiento) y nos proveyeron de un antiemético muy conocido elaborado en base a dimenhidrinato que se vendía por doquier como si fuese un caramelo de menta. Antes de irnos a la isla visitamos Estudios Universal. Habíamos comprado para aprovechar el cambio favorable una cámara de fotos. Sin embargo, no teníamos filmadora, pero aún así deseabamos llevar algo grabado para agregar a nuestro video de casamiento. Como fanático de “Viaje a las Estrellas”, convencí a Adriana de que se calzara un uniforme rojo y orejas puntiagudas para representar al primer oficial vulcano; fue entonces que nos insertaron en medio de un capítulo, con desmaterialización incluida. A veces, como puede verse, hay maneras delirantes de expresar el amor.

La felicidad, por el contrario, es en cierto punto inefable. Para mí, aún hoy en día, se cristaliza frecuentemente en un recuerdo luminoso. En esta imagen, me encuentro vistiendo una zunga en animal print de distintos tonos del violáceo. Aclaro, desde mi idiosincracia machista y argentina, que fue la única vez que me atreví a ponerme algo así; todo estaba tan bien allí, que absolutamente nada me hubiera podido avergonzar. En mi memoria, estoy recostado en medio de una pileta con agua salada, en un colchón flotante por cuyos intersticios se cuela el agua tibia, que cosquillea mi espalda. En mi mano derecha, mi tercer daikiri. En la izquierda, una novela de bolsillo que recrea la vida en la isla, “No detengan el carnaval “, de Herman Wouk. ¡Y vaya que no quería que se detuviera para mí! El gris de mi oficina se presentaba entonces como parte de un complot internacional para alejarnos a la mayor parte de la gente de la verdadera vida, que estaba allí, rodeándome. Levantaba de vez en cuando mis anteojos negros y veía un cielo de un azul celeste inmaculado. A los cinco minutos, se largaba una llovizna tropical; uno ni atinaba a moverse. Sólo me reía tontamente, tenía sobradas razones para hacerlo. Ya era un nativo más, completamente despreocupado, como los que nos miraban tentados en el aeropuerto, tirados en cualquier lado fumando quien sabe qué, mientras pretendíamos que nos llevaran las valijas. Pronto comprendí que no era desidia sino otra manera de ver la existencia. Que nosotros vivíamos corriendo sin saber hacia dónde y para qué y comprando cosas que nos nos hacen falta. Y que, en cambio, los naturales del lugar nos decían algo así como: “Estabamos cuando ustedes no venían, estamos ahora y estaremos cuando no vengan más; y cada vez que haya un nuevo huracán que se lleve todo, comenzaremos nuevamente, como lo hemos hecho siempre, porque lo que en realidad se necesita es muy poco”. Cuando volviera, ni yo lo iba a creer. Lástima no poder documentar tanto placer, pensaba mientras hojeaba un diario local. Hasta que leí el aviso que decía algo así como: “Crucero a isla desierta, incluye filmación submarina”. Instantáneamente comencé a imaginar el relato en off apretádome la nariz que escucharían nuestros amigos y familiares: “Hemos llegado con el Calypso a la noche del calamagggg….” Era muy cara la excursión, pero bueno, sólo se vive una vez; todavía no teníamos conciencia de que, ya en casa, el resúmen de la tarjeta de crédito, en vez de decir “Hoja 1 de 2” iba a decir “Sobre 1 de 2”. A la mañana siguiente llegamos en una camionetita a la que estaba considerada una de las diez playas más bellas del mundo; doy fe de que aunque inverificable, la estimación era, sin dudas, altamente probable. Nuestros compañeros de travesía eran de Brooklyn, tan apasionados (incluso para nuestro standard mielero) que se nos figuraron prejuiciosamente como amantes, aunque en el frío trato con nosotros se verificaba absolutamente el estereotipo sajón, al igual que en el caso del Capitán del pequeño yate, a la vez conductor-azafata-improvisado cineasta, todo en uno. El Capitán nos vino a buscar en un botecito con motor fuera de borda. Aunque mi mujer había tomado con la anticipación necesaria la dichosa pastilla contra los mareos, empezó a vomitar casi de inmediato, mientras el nos mostraba el paisaje diciendo “Allí tiene una casa Steven Spilberg, en aquel lado Magic Johnson…” A Adriana le importaba muy poco, lo único que quería era pisar tierra firme y luego de un buen rato, así se lo hice saber a nuestro anfitrión. Me ofreció llevarnos a una isla cercana, mientras la otra pareja seguía atiborrándose de cerveza y comiendo sandwichitos, sin demostrar demasiada solidaridad. Nos advirtió que debíamos descender de la lancha antes de llegar a tierra firme pues ésta si se acercaba demasiado podría encallar. Nos bajamos con el agua a la altura de la cintura y nuestras cosas elevándolas con nuestros brazos en alto. Creí escucharle decir que tuvieramos cuidado con los… tiburones. Tratabamos de correr pero el oleaje no nos dejaba, hasta que nos tumbó mojando todas nuestras pertenencias, inclusive la nueva cámara de fotos, que alcanzó a tomar alguna antes de expirar y quedar colgando, escurriéndose, de la rama de una palmera, mientras estabamos tirados en la playa exhaustos, Era el mediodía y el sol era implacable. Trataba de mantenerme tranquilo pero recordaba que el yate podría irse y nadie sabría dónde estabamos. Realmente era como la laguna azul; incluso me adentré en la selva y encontré una especie de altar con cenizas. ¡Zaz! Nos faltaban los caníbales, cartón lleno. Como mi mujer se sentía mejor, hicimos señas para que nos vinieran a buscar. Al retirarnos, el capitán dio vueltas a toda velocidad para que se saliera el agua de la lancha, por lo que mi esposa ya estaba descompuesta nuevamente al volver a bordo. Les pregunté cuanto faltaba para llegar. “Ya llegamos” fue la respuesta. Adriana se dio vuelta y sin decir palabra se tiró al agua y volvió nadando a la isla, que se encontraba a gran distancia. Todos me miraban como un aguafiestas, mientras subía mis hombros y ponía cara de feliz cumpleaños. Preocupado e imaginando un rescate en helicóptero, el capitán se acercó y me pidió que le avisara –con señas- a mi mujer que la excursión había acabado, que así no tenía gracia, que compensaría a nuestros compañeros de periplo otro día. Adriana volvió nadando y al llegar al borde del yate, la filmación la muestra preguntando, completamente dispuesta a dar media vuelta y seguir braceando: ¿Nos vamos?. Para las fiestas de Diciembre, durante los años siguientes, recibíamos una tarjeta de felicitación de parte del Capitán. No se si es mi imaginación, pero tengo la imagen de mi esposa teniendo arcadas mientras las sacaba del sobre y rápidamente las colocaba en una ramita bien escondida del árbol de Navidad.

El sabado pasado leia en la version semanal argentina de The New York Times un articulo en el cual el autor sostenia que en algun momento las nuevas tecnologias iban a permitir llevar un registro audiovisual de toda nuestra vida, posibilitandonos recuperar momentos especiales cuando lo desearamos.
La noche anterior habia asistido a un cumpleanos de quince y me sorprendio sobremanera lo que vi. Si uno recuerda las grandes fiestas familiares de hace algunos años, no se contaba con filmacion y las fotografias eran tomadas solamente por una persona contratada ad hoc. Los protagonistas de la fiesta regulaban la oportuna exhibicion de estas y se usaba elegir una foto y repartir copias. Ese seria el unico recuerdo tangible del evento; el resto quedaba librado a la buena o mala memoria de los asistentes.
Esto no es mas asi; inclusive, las fiestas se han convertido en una experiencia interactiva abierta a gente que no esta presente en forma fisica.
Una gran cantidad de asistentes portaba en mano celulares con los que fotografiaba y filmaba y compartia imagenes telefonicamente al momento, con gente externa a la fiesta. Bailaban con las pantallas encendidas en sus manos, agitandolas en el aire, enviando mensajes de texto continuamente. Hasta llamaban a alguien a las 2 de la madrugada para hacerles escuchar la musica y el ruido general de la fiesta. Esto me asombro poco, en tanto el celular se ha convertido en parte de mucha gente gente, asi que teniendolo consigo, si por alguna razon vieron la oportunidad de hacerlo, podia ser una ocurrencia graciosa y espontanea animada por el alcohol.
Lo que si me llamo poderosamente la atencion fue que muchos asistieron con camaras digitales, en forma deliberada. En camino al registro total de nuestras vidas del que hablaba en un principio, estos ultimos trataban sin duda de tener su propio registro del encuentro, con el objeto de disponer de el a su gusto sin depender de la anuencia de terceros.
La fiesta se fragmentaba por sectores, por mesas, por niveles de edad, configurando pequeños submundos. Algunos adolescentes rompieron dos sillas, siete copas, intentaron provocar un incendio, se emborracharon casi hasta el desmayo, los tuvieron que advertir sobre su posible expulsion en varias oportunidades. El registro que se haya hecho de todo esto constituye un memoria de la fiesta unica y completamente diferente a la que tuvimos el resto de los invitados.
Antes de que terminara la fiesta ya habia copias de las fotos de la mesa en cada una de estas, para que los asistentes se las llevaran de recuerdo. Me fui temprano, pero se de fiestas en las que se proyecta un adelanto de las filmaciones de las mismas antes que estas terminen.
La multiplicidad de registros de memoria de esta fiesta no se detuvo aqui, sino que se siguio multiplicando exponencialmente (sin duda) en las horas posteriores a que finalizara, con el intercambio de e-mails, subida de fotos a montones de fotologs, visita a estos para dejar comentarios, carga de videos en YouTube, etc. (fui testigo directo de algunas de estas derivaciones).
Tal vez por esto, cuando lei la nota de TNYT a la mañana siguiente no me parecio tan delirante. Y sin embargo, senti un sabor amargo en la boca, un añorar a esas fotos “retocadas” (pintadas, nada de photoshop) que cristalizaban en una sola imagen un recuerdo.

Vacaciones en Córdoba

Publicado: 25 marzo, 2011 en Mi vida, Viajes

La verdad, que le roben a uno el auto un 27 de diciembre a la tarde trae aparejado algunos inconvenientes, sobre todo cuando quedan dos días hábiles (en realidad, sólo uno, en tanto el viernes 29 era no laborable en muchos ámbitos) antes de una andanada de feriados y cuando uno tiene todo listo para partir en la madrugada del 2 de enero.

Como dicen los sajones, para hacer corta una historia larga (y evitar dar detalles de cosas tristes) salimos a las 0 hs. con un auto prestado. Una hora más tarde nos tuvimos que retornar del Camino del Buen Ayre porque producía contraexplosiones (no me pregunten que es eso). A las 2 hs. volvimos a salir con otro auto prestado y 14 horas más tarde llegabamos al complejo Flor Serrana, cerca de Tanti, en el valle de Punilla.

En la vida todo (o casi todo) es relativo. La cabaña de la que disfrutamos (es una manera de decir) en la costa el año pasado era tan horripilante que la nueva, lejos de ser un palacio, nos pareció fantástica. El servicio es más o menos; una pareja para atender once cabañas, por más que tenga alguna mano adicional de vez en cuando, es muy poco.

El paisaje de estas sierras es muy bonito, aunque un tanto monótono, y el verde luce algo reseco. Los nenes, en particular Lucio, se la pasaron chiveando entre la pileta y un laguito artificial. Había mucho espacio para correr, jugar y explorar.

Al no disponer de un auto propio en buen estado, expresar una opinión con alguna pretensión de objetividad respecto a este destino turístico es casi imposible. Únicamente fuimos a una excursión de cinco horas caminando para llegar y volver de la cascada Los Chorrillos; no conocimos ninguna otra playa o arroyo y esto es atípico, por lo que me cuenta la gente que visita frecuentemente Córdoba.

El clima, por segundo año consecutivo, no nos acompañó. Sofía estuvo dos o tres días con los Scouts en San Esteban y si bien no se quejó, dice que nos extrañó mucho y que no esta segura si va a repetir la experiencia en el futuro.

Disfruté leyendo “El curandero del amor” de Washington Cucurto y “Diario de una mujer gorda” (no recuerdo el autor, pero me reí mucho con ambos). Luego llevamos a cabo un clásico nuestro; visita a librería de viejo para comprar novelas de detectives ingleses. Un hallazgo Elizabeth George; compramos tres novelones.

Villa Carlos es una hermosa ciudad, en particular rodeando el lago y en algunos barrios específicos. El centro está atestado de gente; es más lindo ver todas sus luces encendidas a la distancia.

Comimos muchísimas cosas que no debíamos, como era previsible.

En síntesis, la pasamos bastante bien, teniendo en cuenta las circunstancias previas y algún berrinche que otro de los nenes que siempre nos hacen renegar.